miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015




Hola, lectores. 

Sé que me anticipo un poco, pero ya dejo preparada esta entrada de año por aquí.
Comienza un nuevo año. Y quiero desearos lo mejor que se pueda pedir. Espero que tengáis un feliz y próspero año nuevo 2015, repletos de buenas lecturas J y cumpláis vuestros sueños.

En mi caso, espero que este año 2015 sea mejor que el anterior ya que hubo una temporada bastante baja en autoestima. Por tanto, hay que aprender de ello y les aconsejo que no os derrumbéis por nada, aunque sea un momento difícil, mantenemos con la cabeza alta aún con lágrimas en la cara. Y pensad que cada momento difícil de la vida les hará más fuerte y capaces de afrontar lo que depara el futuro.

No quiero aburriros más, así que ¡portaos bien! y 
¡Feliz año, soñadores! 

¡Besos! 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Deucalión y Pirra

Cuando Pandora abrió su caja, los hombres empezaron a guerrear entre sí. Se libraron batallas en campos y ciudades, y se derramó sangre en todos los rincones de la Tierra. Zeus, indignado, fulminó con sus rayos a cientos de personas, para advertirles de que debían abandonar toda violencia. Pero los hombres no hicieron caso. Entonces, Zeus oscureció el cielo y bramó:

-¡Puesto que sois bárbaros como animales, os borraré de la faz de la tierra! ¡Que el agua inunde el mundo hasta que no quede nadie con vida!

La tierra quedó a oscuras, y durante nueve días y nueve noches, llovió sin pausa. Hasta aquel momento, las aguas habían sido plácidas: el ancho mar se mecía con suavidad, los lagos parecían dormir un sueño profundo y los ríos discurrían serenos hacia la inmensidad del océano. Pero, con el diluvio, el mar se volvió bravo y peligroso, los ríos arrasaron pueblos y ciudades, y la tierra entera quedó sumergida bajo un profundo manto de agua.

Sólo dos personas lograron sobrevivir: Deucalión y Pirra, que eran marido y mujer. Deucalión era hijo del titán Prometeo. Un día, había ido a visitar a su padre al Cáucaso, y había llorando al verlo encadenado, a la espera del águila que habría de escarbarle en el costado para comerle el hígado. Como podía prever el futuro, Prometeo había conocido a tiempo las terribles intenciones de Zeus, así que avisó a Deucalión de la gran catástrofe que se avecinaba.
-Zeus va a sepultar la tierra bajo el agua –le dijo-, y la humanidad entera desaparecerá, pero tú podrás salvarte si sigues mis consejos… Tienes que construir un arca y, en cuanto empiece el diluvio, te embarcarás en ella con tu esposa.

Deucalión siguió las instrucciones de su padre. Construyó el arca, la llenó de alimentos y, en cuanto empezó el diluvio, se embarcó en su esposa. Durante nueve días y nueve y nueve noches, los dos navegaron bajo la lluvia implacable, en medio de una profunda oscuridad. A veces, el viento formaba grandes remolinos en el agua, y Deucalión y Pirra tenían que abrazarse a la proa del barco para no caer por la borda.

Al fin, la lluvia cesó, los ríos volvieron a su cauce y el mar recobró la calma. En el horizonte asomó entonces la cima del monte Athos, y fue allí donde Deucalión atracó el arca, y donde esperó durante semanas a que las aguas desbordadas se evaporasen. Cuando la tierra volvió a ser visible, Deucalión y Pirra descendieron del monte Athos en busca de algún ser humano, pero no encontraron a nadie. Al ver que el mundo estaba vacío, Pirra se echó a llorar.

-Cálmate –le dijo su esposo-. Rezaremos a los dioses y nos protegerán.

Al pie del Athos había un templo consagrado a Temis, la diosa de la justicia. Por supuesto, se hallaba abandonado: el suelo estaba cubierto de fango y ramas mojadas. Pero seguía siendo un lugar santo, y Deucalión y Pirra se arrodillaron ante el altar.
Con voz humilde, Deucalión preguntó:

-Dinos, Temis, tú que has dictado las leyes eternas, ¿volverá a haber hombres y mujeres en el mundo?

La respuesta tardó en llegar, como si la misma diosa ignorase la respuesta a aquella ansiosa pregunta. Pero, después de una larga espera, la voz solemne de Temis resonó en el santuario para decir:

-Si queréis repoblar el mundo, arrojad a vuestras espaldas los huesos de vuestra madre. De los huesos que tires tú, Deucalión, nacerán hombres, y de los que lances tú, Pirra, nacerán mujeres. Pero tenéis que arrojar los huesos con los ojos tapados, pues no os corresponde ver un prodigio tan asombroso…

Cuando Temis calló, Pirra exclamó escandalizada:

-¡Ha dicho que lancemos los huesos de nuestra madre!

Deucalión se había quedado pálido.

-Así es –dijo, tan desconcertado como su esposa.

-¡Pero no podemos violar la sepultura de nuestras madres! –advirtió Pirra-. ¡Es un sacrilegio!

-¿Y qué podemos hacer? –replicó Deucalión con voz tristísima-. Nuestra obligación es obedecer a los dioses…

-¡No digas locuras, Deucalión! ¡Si desenterramos a nuestros antepasados, el espíritu de los muertos nos atormentará sin descanso!

Deucalión y Pirra salieron del templo cabizbajos y desconcertados. ¿Qué podían hacer? Si no obedecían a Temis, los dioses se enojarían y, si obedecían, enojarían a los muertos. Parecía que, hicieran lo que hicieran, iban a equivocarse. Abatidos, Deucalión y Pirra echaron a caminar. Avanzaban sin rumbo, pisando el manto de lodo que les llegaba hasta los tobillos. Deucalión, aturdido por las palabras de Temis, iba pensando en voz alta, con la vista clavada en el suelo.

-Es imposible que los dioses nos hayan aconsejado un crimen –decía-. Las cenizas de los muertos son sagradas, e incluso en las guerras se le concede de vez en cuando una tregua al enemigo para que pueda enterrar a sus difuntos. No, seguro que Temis quería decirnos algo que no hemos entendido… Los huesos de nuestra madre tienen que ser…

De pronto, Deucalión lo comprendió todo.

-¡Ya sé lo que ha querido decir Temis! –exclamó, loco de contento, y arrancó un jirón de su túnica y lo partió en dos-. Ten, véndate los ojos con esto –le dijo a su esposa-, y luego agáchate, recoge una piedra y arrójala a tu espalda por encima de los hombros.

Pirra obedeció sin entender. Se vendó los ojos, se agachó y empezó a palpar la tierra a ciegas. Deucalión hizo lo mismo, y enseguida reconoció por el tacto una roca del tamaño de un puño. Entonces, se puso en pie y lanzó la piedra a su espalda, por encima de los hombros.

El milagro fue inmediato. Al hundirse en el barro, la roca se reblandeció y comenzó a crecer como si tuviera vida propia, igual que una escultura que emerge de la piedra. Alcanzó la altura de un hombre, y entonces empezó a cobrar forma: aparecieron el tronco y la cabeza, los brazos y las piernas, la boca y los ojos. Deucalión no pudo verlo, pero se alegró al pensar que, a sus espaldas, había nacido el primer hombre del nuevo mundo.

Una tras otra, Deucalión y Pirra fueron arrojando cientos de piedras a sus espaldas. Las rocas que recogían eran, en efecto, los huesos de la Tierra, que es la madre de todos los hombres. De las piedras que arrojaba Deucalión nacían hombres, y de las que tiraba Pirra nacían mujeres. Las piedras blancas originaban hombres blancos, y las negras hombres negros; las piedras pesadas se convertían en personas robustas, y las ligeras en personas delgadas. En poco rato, pues, la playa se llenó de hombres y mujeres, de niñas y niños, unos feos y otros agraciados, unos alegres y otros melancólicos. De ese modo, Deucalión y Pirra crearon la segunda humanidad, que pobló el mundo en poco tiempo y lo llenó de alegrías y tristezas, rencores y amistades, esperanzas y fracasos.




martes, 23 de diciembre de 2014

P.C. CAST Y KRISTIN CAST


Son las creadoras de “La Casa de la Noche”, una serie paranormal que se ha convertido en todo un fenómeno de ventas en Estados Unidos y Europa.

“La Casa de la Noche” representa lo mejor del género paranormal para adolescentes. En ella las Cast han logrado combinar de forma magistral magia, mitología, y vampiros. Una serie que, sin lugar a dudas, hará las delicias de los amantes de lo oculto y lo paranormal, y de la que ya se está preparando la adaptación cinematográfica.


<<Madre e hija han mezclado en una coctelera los vampiros de “Crepúsculo” con la escuela especial de Harry Potter. […] No faltan aventuras, amores juveniles y amistades a raudales, ingredientes básicos para el éxito>>
_40 Principales


Estas son las novelas que he leído y reseñado de ella: 



     












MEGAN MAXWELL




MEGAN MAXWELL es una reconocida y prolífica escritora del género romántico.

De madre española y padre americano, ha publicado ya más de 15 novelas además de cuentos y relatos en antologías colectivas. En 2010 fue ganadora del Premio Internacional Seseña de Novela Romántica, en 2010, 2011 y 2012 recibió el Premio Dama de Clubromántica.com y en 2013 recibió el AURA, galardón que otorga el Encuentro Yo Leo RA (Romántica Adulta).

Como Megan siempre dice: <<Para mí escribir es soñar>>. Por ello escribe, sueña, inventa y crea historias sobre mujeres de rompe y rasga. Mujeres dispuestas a dejar su pequeña huella en el mundo y demostrar que eso de que somos el sexo débil, está obsoleto y anticuado.

Megan Maxwell vive en un precioso pueblecito de Madrid, en compañía de su marido, sus hijos, su perro Drako y sus gatos Romeo y Julieta.
Encontrarás más información sobre la autora y sobre su obra en: www.megan-maxwell.com



 Estas son las novelas que he leído y reseñado de ella: 


   









Otras páginas para compartir


¡Hello Dreamers!

¿Qué os parece leer lo que siente una chica de 22 años?
Pues les animo a que conozcan la página de esta chica que publica sus escritos, inspirados en sus propios sentimientos. Dadle la oportunidad de conocerla, ha empezado hace poco y espera compartir lo que siente con vosotros/as.
Se llama “Tormenta nocturna”. Aquí les dejo el enlace a su página: https://www.facebook.com/tormenta.nocturna

Espero que os animéis a visitarla y os guste.
Besos 



Fátima

sábado, 6 de diciembre de 2014

Reseña: ¿Y A TI QUÉ TE IMPORTA?






Autor:  Megan Maxwell
Editorial: Versátil (Romántica)
Páginas: 310
Título: ¿Y a ti qué te importa?







Sinopsis

Estela Noelia Rice Ponce es una famosa actriz de Hollywood de origen español acostumbrada al glamour y a la fama. En la campaña de promoción de su última película viaja a España donde, por casualidad del destino, se reencuentra con Juan Morán, un joven al que conoció años atrás en Las Vegas… y al que esperaba no volver a ver jamás.

Juan traba ahora como GEO y está acostumbrado a toda clase de peligros y a la discreción que le exige su profesión, así que lo que menos le apetece es ver a una estrellita de Hollywood revoloteando a su alrededor.
 Pero cuando el destino se conjura en su contra… es inútil resistirse.




Opinión personal

“¿Y a ti qué te importa?” de Megan Maxwell, es uno de los maravillosos libros que ha escrito esta autora. Es un libro individual. Divertido y lleno de romanticismo, como no, made in Maxwell.
He leído otro libro de esta autora antes que este, MELOCOTÓN LOCO, que considero uno de mis libros favoritos. Sucedió antes de que creara este blog, por tanto, prepararé la reseña y la publicaré lo antes que pueda. Lo que conlleva que quizás lo vuelva a leer otra vez.


En primer lugar, quiero destacar que me ha llamado la atención, la dedicatoria que hace la autora al principio del libro.
“Esta novela está dedicada a todas las chicas y chicos Maxwell ¿y sabéis porqué?
Pues porque todos nos merecemos un YOGURAZO… (…)”
Creo que tiene mucha razón, pero el mundo está mal compartido… así que, no hay más remedio que soñar con estas novelas.
                                              
La historia comienza muy movida desde el principio, manteniendo el interés del lector.
 Juan es un GEO español, muy atractivo del que no pasaría desapercibido por ninguna chica.
Noelia es una actriz de Hollywood muy exitosa que tiene la suerte de conocer a Juan en el momento menos oportuno.
Juan califica a Noelia, como “canija”, en cuanto la conoce. Ya que ella tiene una estatura más baja en comparación a los típicos ligues exuberantes que él prefiere. En el momento de conocerse, cometen el error de casarse, en plena borrachera. Sin embargo, es un asunto que se solucionará radicalmente.
Diez años después, su reencuentro, conlleva la ventaja inesperada de que Juan está oculto tras el uniforme de GEO, lo que evita que ella lo reconozca, mientras él si pueda sin ser descubierto.

“- (…), deja que el guaperas se acerque a consolar a la canija. Vámonos. Nuestro trabajo ha acabado…
Noelia que lo había oído,… se quedó helada. (…) solo había dos personas en el mundo que la hubieran llamado así. Una fue su abuela y otra… otra…”

Noelia contará con el respaldo de su padre y la esposa de este. Quienes desde pequeña no le dieron el cariño que merece una niña. Simplemente le han dado un cariño superficial que a ella le ha valido para ser más fuerte y saber quien la quiere realmente por como es, no por quien es.
Por otro lado, está el primo de Noelia, Tomi. Quien entiende su carácter y lo que ha sufrido, la acompaña a todas partes y tiene un exquisito gusto por la moda; además de adorar a su prima.
Por no decir, el enamoramiento que coge hacia Juan y sus amigos (los Xmen, así es como él los llama).

La historia entre Juan y Noelia es un romance correspondido pero se fuerzan a creer que no les iría bien estar juntos por sus diferencias de carácter y estatus social. A pesar, de saber que no pueden estar separados el uno del otro.

“Tío… estás perdido. Te has colado por tu exmujer, que curiosamente es… E.P. ¡casi na!
-¡Quieres dejar de llamarla así!
-No… colega. E.P. nadie sabe quién es. Pero si digo su nombre al completo ¿crees que la gente no sospecharía?”

Es inevitable aceptar que Juan es adorable y muy romántico cuando quiere. Cosa que a él, no le va. Lo podemos saber por la música que escucha.

“-Juan, ¿esto qué es?
-La pulsera de todo incluido. –Al ver su gesto divertido él prosiguió-: Eso quiere decir, alojamiento, comida, cama, sexo, café, música, toneladas de galletas Oreo, leche desnatada, todo lo que tú quieras y yo pueda ofrecerte.”

Me hubiese gustado saber más sobre la historia entre Eva, la hermana más joven de Juan; y Damián, su compañero de trabajo y amigo. No puedo dar detalles, sino fastidiaría la intriga. Pero creo que habría sido genial que se contase algo más sobre ellos.

Sin duda, es una novela muy divertida y entretenida. Que muchas veces te hará reír con las locuras de las hermanas de Juan. Irene, Almudena y Eva, son muy cotillas con respecto a la vida de su hermano, ya que él no las deja entrometerse en sus asuntos, hasta que no puede más.
Otro personaje que me parece muy especial en esta historia, es Carlos. El mejor amigo de Juan, un personaje muy divertido y sincero con él y el amor que siente por su mujer es adorable. Le hará ver al GEO las cosas que él no acepta por su cabezonería.

Una de las escenas más cómicas, que más destacaría, es en el momento en que Eva decidió alejarse de los hombres, tras ver en primera persona junto a Noelia, el nacimiento de su sobrino.  En esta parte, me reí mucho.

“-¿Qué es eso? Joder… joder… ¿qué sale de ahí?
-Agua… quiero beber agua- suplicó Almudena agotada.
(…)
-Eso debe ser la cabeza del bebé.
(…)
-Eva, dale agua a Almudena y refréscala.
Pero la joven estaba tan trastocada, tan fuera de sí por lo que estaba viendo, que el vaso de agua en vez de acercárselo a su hermana se lo bebió ella del tirón.
-Por Diosssssssss… Por Dioss…. Mañana mismo voy al ginecólogo y que me lo cosa. No volveré a dejar que ningún tío se acerque a mí por mucho morbo que me dé. Pero… pero… ¿pero tú has visto como se pone esooooooo?”

Una de las cosas que más me gustan de la autora es que las protagonistas femeninas de sus novelas son de carácter fuerte y decidido. Y es un detalle que considero importante a mi estilo de lectura. Las mujeres tienen que ser guerreras.

“Tú te callas. Y no vuelvas a llamarme amor, ¿entendido?”

“-¿Mi padre? –preguntó molesta-. Tengo treinta años. ¡Treinta! Y por muy importante que sea él en la industria del cine, no manda en mi vida, (…)”

Recomiendo 100% esta novela, siempre y cuando te guste el romance y el humor. Aquí encontrarás bastante de ello. 








4/5
Me gustó

 [Muy recomendable] 




Fátima



La luz de Candela

La luz de Candela es la primera novela de Mónica Carrillo, presentadora de informativos de Antena 3 junto con Matías Prats. Candela es una fotógrafa a la que un día se le cruza el amor y la atropella poniéndolo todo patas arriba. El responsable de ese torbellino es Manuel, un joven modelo con el que vivirá una historia de amor adictiva. Los primeros besos, la complicidad, la pasión. Pero también la angustia de quien no recibe todo lo que da.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La caja de Pandora

La caja de Pandora

Un día, poco antes de enviar a Prometeo al Cáucaso, Zeus bajó del Olimpo para visitar a su hijo Hefesto. Hefesto era herrero, y trabajaba en una oscura cueva subterránea situada en la soleada isla de Lemnos. Su fragua era lo más parecido al infierno. El fuego estaba siempre encendido, y el hierro al rojo vivo irradiaba un calor insoportable. Y, sin embargo, Hefesto se sentía muy a gusto en aquel lugar, donde trabajaba sin descanso, día y noche, fabricando cadenas para los presos, herraduras para los caballos, cascos y espadas para los guerreros… En realidad, Hefesto utilizaba el trabajo para aislarse de los otros dioses, que se burlaban de él porque era feo y cojo. Nunca recibía visitas, así que se quedó de lo más sorprendido el día en que Zeus entró en su fragua.

-¿Qué te trae por aquí, padre? –preguntó.
Zeus tenía la mirada ausente. Parecía perturbado por un grave disgusto.
-Prometeo nos ha engañado de nuevo –dijo-. Primero, nos dejó sin carne, y ahora ha subido en secreto al Olimpo y les ha devuelto el fuego a los hombres… ¡Nos ha dejado en ridículo! Pero voy a demostrarle hasta dónde llega nuestro poder. Les daré un escarmiento a los hombres que nunca olvidarán. ¿Quieres ayudarme, Hefesto?
-Naturalmente, padre. Dime: ¿qué debo hacer?
-Quiero que crees a una mujer.
-¿A una mujer?
En aquel tiempo, ya existían las diosas, pero la Tierra aún no había sido pisada por ninguna mujer.
-La utilizaré para vengarme de los hombres –explicó Zeus.
-¿Y cómo quieres que sea?
-Ha de ser muy hermosa. Fíjate en Afrodita y hazla como ella.

Afrodita era la diosa del amor, y poseía una belleza perfecta. Saltaba a la vista que cualquier mujer que se le pareciera despertaría grandes pasiones entre los hombres. Hefesto, pues, modeló una figura con arcilla a imagen y semejanza de Afrodita. Empleó toda la fuerza de sus grandes manos para dar forma al tronco, a la cabeza, a los brazos y a las piernas, y luego fue modelando los finos labios, el largo cabello, la espesa melena… La belleza de la criatura era tan deslumbrante que Zeus, sentado en la sombra, quedó impresionado.

-Se llamará Pandora –le dijo a Hefesto-, porque llevará en sí todos los dones imaginables.

Entonces, Hefesto se inclinó sobre Pandora con la intención de soplarle en la boca, pues así era como se les infundía a los hombres el aliento de la vida. Pero Zeus lo detuvo.

-Espera, Hefesto –dijo-: una criatura perfecta merece el soplo perfecto.
Entonces, Zeus llamó a los cuatro vientos: el del norte, que traía el frío; el del sur, que traía el calor; el del este, que traía las penas y las alegrías; y el del oeste, que traía palabras, muchas palabras. En cuanto los vientos soplaron sobre Pandora, la criatura empezó a moverse. Luego, Zeus convocó a los dioses y les dijo:
-Quiero que le concedáis a esta mujer todos los dones que pueda tener un ser humano.
Durante todo un día, los dioses desfilaron por la fragua de Hefesto para concederle a Pandora los más variados dones: dulzura y gracia, inteligencia y picardía, habilidad para tejer y labrar la tierra, fertilidad para dar a luz muchos hijos, buena voz para cantar, una sonrisa amable que inspiraba confianza… Cuando Pandora hubo recibido todos los dones, Zeus le dijo:
-Ahora ya estás preparada para ir junto a los hombres. Pero antes debo entregarte mi regalo… Míralo.

Zeus sacó una preciosa caja de oro y se la tendió a Pandora.
-Es muy bonita… -dijo ella-. ¿Qué hay en el interior?
-Es mejor que no lo sepas, Pandora. Ahora prométeme que nunca, bajo ningún concepto, abrirás esta caja.
-Lo prometo.
-Tienes mi bendición, Pandora –dijo Zeus, y tocó con suavidad la cabeza de la joven-. ¡Ah, se me olvidaba! Quiero hacerte un último regalo…

Entonces, Zeus hinchó sus pulmones de aire y sopló sobre el cuerpo de Pandora. De ese modo, le proporcionó un último don, el más peligroso de todos: la curiosidad.

Luego, Hermes, el mensajero de los dioses, condujo a Pandora hasta la Tierra, y la dejó a las puertas de la casa del titán Epimeteo. Epimeteo era el hermano de Prometeo, pero no se le parecía en nada. Mientras que Prometeo era hábil y astuto, Epimeteo destacaba por su torpeza y su ingenuidad. Cuando Epimeteo vio a Pandora, quedó tan deslumbrado por su belleza que decidió casarse de inmediato con ella.

-No lo hagas –le dijo Prometeo.
-¿Por qué no? –replicó Epimeteo-. ¿Qué hay de malo en casarse con una mujer? La soledad, hermano, es una carga muy pesada, y estoy seguro de que Pandora me alegrará la vida…
-Esa muchacha es un regalo de los dioses, y los dioses nos detestan desde que les robé el fuego.
-¿Quieres decir que Pandora es un castigo? ¡Menudo disparate! ¿Cómo va a ser un castigo una mujer tan hermosa, que canta como los pájaros y me mira con tanta dulzura?
-¿Te olvidas de que puedo ver el futuro –concluyó Prometeo-, y sé que Pandora no nos traerá nada bueno.

Epimeteo, sin embargo, estaba tan enamorado que no hubo forma de hacerle cambiar de opinión. A los pocos días se casó con Pandora, y fue feliz con ella durante cierto tiempo. Con los dones que había recibido de los dioses, Pandora llenó la casa de su marido de bonitos tejidos y plantó en su jardín las más hermosas flores. A todas horas se oían risas y cantos en aquel lugar afortunado. Pandora aprovechaba cualquier ocasión para acariciar a su esposo y dirigirle tiernas miradas, así que Epimeteo no podía pedirle nada más a la vida. Pandora, en cambio, no lograba ser feliz del todo, porque, noche y día, oía en su interior una voz que preguntaba sin descanso:

-¿Qué habrá en la caja de oro? ¿Qué habrá en la caja de oro?
La invisible avispa de la curiosidad se había apoderado del alma de Pandora, y zumbaba en sus oídos con virulencia:
-¿Qué habrá en la caja de oro? ¿Qué habrá en la caja de oro?
Antes de dejarla partir, Zeus le había colgado a Pandora una adena de oro al cuello. La joven la miraba de continuo, con cierta ansiedad, pues la cadena colgaba una llavecita dorada que servía para abrir la caja de oro. Más de una vez, Pandora estuvo a punto de descolgar la llave y abrir la caja, pero siempre acababa por decirse: <<No, no puedo hacerlo. Le prometí a Zeus que jamás abriría esa caja>>.

Sin embargo, llegó un día en que Pandora no pudo aguantar más. Su curiosidad era tan fuerte que ni siquiera podía dormir, así que cedió al fin a la tentación y abrió la caja. Al instante, sonó un zumbido atronador, como el de un enjambre de miles de abejas enloquecidas. Pandora comprendió que había cometido un grave error. Y es que Zeus había encerrado en aquella caja todas las desgracias que arruinan la vida de los seres humanos: la fealdad y la mentira, la tristeza y la angustia, el odio furibundo, el trabajo inútil que agota y no sirve de nada, la peste que mata a hombres y bestias… Pandora no levantó la tapa de la caja más que un poquito, pero fue suficiente para que salieran al mundo todas las desgracias. Empujadas por los vientos, la maldad, la mentira y la enfermedad alcanzaron todas las casas de la Tierra, y enseguida empezaron a oírse gemidos de dolor y llantos de lástima.
Era lo que Zeus esperaba: su venganza acababa de completarse. Desde las alturas del Olimpo, el dios sonrió y dijo con solemnidad:
-Ahora los hombres comprenderán de una vez para siempre que no se debe engañar a los dioses.

La Tierra habría quedado completamente aniquilada de no haber sido por la última cosa que salió de la caja: un leve aliento, una bendición. Hefesto la había colocado a escondidas en el fondo de la caja, porque amaba a Pandora, que era su creación, y no quería verla morir. Aquella bendición era la esperanza. Movidos por ella, los hombres decidieron seguir adelante a pesar de todas las desgracias. No importaba lo mucho que tuvieron que sufrir: los hombres conservarían siempre la esperanza en una vida mejor, en la que no existieran el dolor ni la pena, la guerra ni la  muerte.



sábado, 23 de agosto de 2014

Prometeo, el ladrón del fuego

Prometeo, el ladrón del fuego

Al principio de los tiempos, los dioses establecieron su lugar en la cima del monte Olimpo, cerca de las estrellas. En aquel lugar idílico, llevaban una vida de lo más placentera: paseaban con calma por sus amenos y coloridos jardines, celebraban grandes banquetes en sus palacios de mármol y tomaban a todas horas néctar y ambrosía, un licor y un alimento dulcísimos que aseguraban su inmortalidad.

Mientras tanto, los hombres hacían su vida abajo, en la Tierra. Habían sido creados con arcilla, y pasaban sus días cultivando los campos y criando ganado. En los momentos difíciles, rezaban a los dioses para pedirles auxilio, y después les agradecían la ayuda recibida haciéndoles ofrendas. De cada cosecha que los hombres recogían y de cada animal que sacrificaban, quemaban la mitad en los templos, y así la ofrenda, convertida en humo, llegaba hasta la cima del Olimpo.
Todo iba bien hasta que un día, tras haber matado a un robusto buey para comérselo, los hombres empezaron a discutir sobre qué parte del animal debían quedarse y cuál tenían que entregar a los dioses.
-Quedémonos con la carne y quememos los huesos -proponían unos.
-¡No digáis locuras! –exclamaban otros-. Si les damos a los dioses la peor parte, nos castigarán sin piedad.
-Pero ¿de qué vamos a alimentarnos si entregamos la carne?
El mismísimo Zeus, padre de los dioses, entró en la disputa.
-La carne del buey debe ser para nosotros –dijo.
Los hombres, sin embargo, se resistieron a entregársela, así que la discusión se prolongó durante mucho tiempo. Al final, Zeus propuso que fuese Prometeo quien decidiera cómo debía repartirse el buey.
-Prometeo es sabio y justo –dijo-, y encontrará la solución más adecuada. Los demás aceptaremos su decisión y, en adelante, todos los animales serán repartidos tal y como Prometeo disponga.
Prometeo pertenecía a la raza de los titanes, que habían sido engendrados antes incluso que los dioses. Todo el mundo lo admiraba por su sabiduría y astucia. No sólo podía prever el futuro, sino que dominaba todas las ciencias y todas las artes: la medicina y las matemáticas, la música y la poesía… Su mente era poderosa y veloz como un caballo de galope. Cuando Zeus le expuso el dilema del reparto del buey, Prometeo se sentó a meditar y entabló en su conciencia un largo diálogo consigo mismo.
-Es natural que los hombres se resistan a entregar la carne –se dijo al principio-. Son ellos quienes han criado al buey, y tienen derecho a quedarse con la mejor porción.
-Sí, Prometeo –se contestó a sí mismo -, pero olvidas que los dioses son codiciosos y egoístas. No aceptarán que los hombres se queden con la carne…
-Pero los dioses no la necesitan… Beben néctar a todas horas, y disponen de ambrosía para llenar su estómago. En cambio, los hombres han de comer para sobrevivir…
-Si les entregas la carne a los hombres, Zeus se enojará.
- Entonces, hay que conseguir que Zeus crea que la decisión de quedarse con los huesos la ha tomado él mismo…
Prometeo ideó enseguida la trampa que necesitaba. Luego, despellejó el buey, lo descuartizó y dividió los restos del animal en dos grandes montones que prefiriera.
-Escoge bien –le advirtió-, porque ya sabes que, en adelante, todos los animales que sacrifiquen los hombres se repartirán del mismo modo que este buey.
Prometeo dijo aquellas palabras con la cabeza baja, para evitar que Zeus reconociera en sus ojos el brillo temeroso del engaño. Zeus miró los dos montones. Uno le pareció gris y poco apetitoso, mientras que el otro le atrajo por su brillante aspecto. Así que no tuvo que pensárselo mucho. Señaló el montón resplandeciente y dijo:
-Ése es para nosotros.
Hermes, el hijo de Zeus, se hallaba presente en la conversación. Como era experto en idear trampas, no resultaba fácil engañarle. Se acercó al oído de Zeus y dijo en un susurro:
-No te precipites, padre. Hay algo extraño en este reparto… ¿No has visto que Prometeo ha agachado la cabeza al hablarte? Él siempre mira a la cara…
-Soy el padre de los dioses –replicó Zeus-, así que es lógico que Prometeo me tenga algo de miedo. No es el primero que agacha la cabeza al mirarme. Y te aseguro que no será el último.
Luego, Zeus, volvió a dirigirse a Prometeo, señaló el montón que le apetecía y dijo:
-¡Nos lo llevamos!
Zeus no tardó en advertir el gran error que había cometido. Sucedió que Prometeo había puesto en un montón la carne y las vísceras del buey, y luego había tapado todo con el estómago, que es la parte más sosa del animal. En el otro montón, había colocado los huesos y los tendones, pero los había cubierto con la grasa, cuyo brillo despierta el apetito. Zeus, por supuesto, había elegido este último montón. Así que, cuando llegó a la cima del Olimpo y descubrió en engaño, se volvió loco de rabia.
-¡Prometeo se ha burlado de mí! –rugió, y su cólera se notó en la tierra, porque el cielo se llenó de rayos-. ¡Pero voy a vengarme, ya lo creo! De ahora en adelante, los dioses nos conformaremos con la piel y los huesos de los animales, ¡pero los hombres tendrán que comerse la carne cruda! 
En efecto, aquel mismo día, Zeus les robo el fuego a los hombres para que tuvieran que comerse los alimentos crudos. Sin embargo, la vida en la Tierra se volvió insoportable. Los hombres no podían hacer nada contra el frío glacial que les helaba las manos ni contra el miedo a la oscuridad que los atormentaba de noche. Prometeo, al verlos sufrir tanto, se conmovió.
<<Pobre gente>>, se dijo, <<he de ayudarles de alguna manera>>.
Al día siguiente, Prometeo subió al monte Olimpo y, sin que nadie lo viera, acercó una pequeña astilla al fuego que Zeus les había arrebatado a los hombres y la guardó en una cáscara de nuez. De regreso a la Tierra, encendió con aquella astilla una antorcha y se la regaló a los hombres para que pudieran calentarse de nuevo. Pero, cuando Zeus vio desde el Olimpo que el fuego volvía a arder en la Tierra, su furia no tuvo límites.
-¡Prometeo nos ha vuelto a engañar! –bramó-. ¡Nos ha dejado en ridículo delante de toda la humanidad!

Zeus se vengó entonces por partida doble. Primero castigó a los hombres enviándoles a una mujer llamada Pandora, de la que os hablaré más adelante. Luego, mandó que encadenaran a Prometeo a una de las montañas del Cáucaso, cerca del mar Negro. Allí, el titán pasó miles de años sin poderse mover, soportando a cielo abierto el frío intenso de la noche y el calor asfixiante del día. Cada mañana, Zeus enviaba una feroz águila al Cáucaso para que le comiese el hígado a Prometeo, y cada noche el hígado se regeneraba por sí mismo, para que el águila pudiese devorarlo de nuevo al amanecer. La vida de Prometeo, pues, se convirtió en un auténtico infierno, pero Zeus siempre pensó que el castigo era justo, pues no había falta más grave que engañar a los dioses.