sábado, 16 de mayo de 2015

Teseo y el laberinto de Creta.


De los tres hijos que tuvo Europa, uno llegó a ser rey de Creta. Se llamaba Minos y era un hombre ambicioso, pues no se limitó a gobernar sobre su isla, sino que embarcó a menudo a su ejército con el propósito de conquistar territorios en la orilla norte del Mediterráneo. Atenas y Mégara, entre otras ciudades griegas, cayeron en sus manos, lo que convirtió a Minos en uno de los hombres más respetados y temidos de su época. 


Minos había tenido dos hijas con su mujer, Pasífae. Aunque las quería con locura, su mayor deseo era tener un hijo varón para nombrarlo heredero de su imperio. Así que el día en que Minos supo que Pasífae estaba embarazada por tercera vez, una plácida sonrisa le iluminó la cara. Presintió que la criatura que venía en camino era el varón que tanto había deseado y se prometió que le daría una educación magnífica para que, cuando llegase a ser rey, se ganase el aprecio de todos los hombres y mujeres de Creta.


Sin embargo, cuando Pasífae dio a luz, la alegría de Minos se quebró en pedazos, pues el recién nacido no tenía nada que ver con el niño que el rey había soñado. Era un ser monstruoso, con cabeza de toro y cuerpo de hombre, al que pronto se le empezó a llamar <<el Minotauro>>, `el toro de Minos´. Cuando el rey lo vio por vez primera, se enojó tanto que se encaró con su esposa.

-¡Ese monstruo no puede ser hijo mío! -le gritó-. Responde, Pasífae: ¿con quién me has engañado?

Pasífae no tuvo más remedio que confesar la verdad. Llorando a lágrima viva, explicó que había tenido amores con un toro, un magnífico toro blanco al que había visto pastando en uno de los valles más verdes de Creta. Al oír aquello, Minos se quedó pensativo. 

Recordó la historia de su propia madre, que había llegado a Creta a lomos de un falso toro, y sospechó que tal vez el animal que había enamorado a Pasífae era en realidad un dios. Por eso mismo, descartó la idea de matar al Minotauro, pues temía provocar la ira de los dioses si llegaba a darle muerte. Ya más sereno, Minos le dijo a su esposa: 

-Ese monstruo es una vergüenza para nuestra familia, así que lo esconderemos para que nadie pueda verlo.

Aquel mismo día, Minos mandó llamar a un arquitecto del que había oído hablar mucho. Se llamaba Dédalo, y era un inventor genial.

-Quiero que construyas un laberinto -le dijo Minos.

-¿Un laberinto? -preguntó Dédalo.

-Sí, un palacio con una distribución tan compleja que quien entre en él no encuentre jamás la salida. 

Con su admirable ingenio, Dédalo levantó en Cnosos un palacio único en el mundo. Estaba compuesto por miles de salas y pasillos comunicados entre sí, y uno podía caminar durante días por el interior de aquel edificio sin encontrar nunca la salida, pues siempre acababa por volver a estancias y corredores en los en la que ya había estado. Sólo un dios, con su inteligencia ilimitada, podría haber descubierto el camino que llevaba a la salida.

Fue allí, en aquel edificio infernal, donde Minos encerró al Minotauro. Para que pudiese alimentarse, el rey obligaba todos los años a siete muchachas y siete muchachos a entrar en el laberinto, donde eran devorados por el monstruo. Las víctimas del Minotauro llegaban de las ciudades que Minos había conquistado en el norte, donde todo el mundo sufría el horror de aquel cruel impuesto de sangre.


El Minotauro llevaba nueve años dentro del laberinto cuando llegó a Creta un grupo de jóvenes procedentes de Atenas. Entre ellos, se encontraba el propio príncipe de la ciudad, un muchacho muy apesto y con fama de hombre valiente que se llamaba Teseo. A pesar de que su destino era morir devorado por el Minotauro, Teseo hizo el viaje hasta Creta con una entereza ejemplar que sorprendió a sus compañeros. Cuando uno de ellos le preguntó cómo podía estar tan tranquilo sabiendo que se dirigía hacia la muerte, Teseo le respondió:

-Porque confío en mí mismo. Sé que voy a derrotar al Minotauro y que regresaré con vida a Atenas.

Parecía una fanfarronada, pero para conseguir su propósito, Teseo no sólo contaba con su valor sin límites, sino también con el aliado imprevisto del amor.

Sucedió que, el día en que Teseo llegó a Creta, había una hermosa muchacha en el puerto. Era Ariadna, la hija mayor del rey Minos. En cuanto vio a Teseo, Ariadna notó que su corazón se aceleraba y tuvo la sensación de que necesitaba de aquel muchacho para ser feliz en la vida. Nunca antes había visto a un hombre tan hermoso como Teseo, y la entristeció saber que su destino era morir devorado por un monstruo. 


Aquella noche, Ariadna no logró dormir, pues no hacía más que pensar en Teseo. De madrugada, cuando todo el mundo dormía, se cubrió con un manto y abandonó en secreto el palacio real de Cnosos. Unos minutos después, Dédalo oyó que llamaban a la puerta de su casa y, cuando salió a la calle, se quedó de lo más sorprendido. Era Ariadna.

 -¿Qué os ocurre, princesa? -preguntó-. ¿Cómo es que venías a estas horas, y a solas? Pasad adentro, que la noche es fría.

Ariadna entró en la casa de Dédalo, y enseguida confesó el motivo de su visita: se había enamorado de Teseo y había tomado la determinación de salvarle la vida. 

-Maestro -le dijo a Dédalo-, tú eres la única persona que puede ayudarme... Dime qué he de hacer para salvar a Teseo y te lo agradeceré hasta el fin de mis días. Piensa que si ese muchacho muere, yo también moriré de tristeza...

Dédalo no supo qué decir. El dolor y la ingenuidad de Ariadna lo enternecieron, pero pensó que no debía ayudarla. 

-Si salvara a Teseo -dijo-, vuestro padre creería que lo he traicionado...

-Os lo ruego... -suplicó Ariadna, y se echó a los pies de Dédalo con los ojos bañados en lágrimas.

El dolor de la joven era, en fin, tan sincero y conmovedor que Dédalo acabó por ceder a su deseo. Le explicó a Ariadna que lo único que necesitaba Teseo para salvarse era un hilo de seda y una espada, y le contó paso a paso todo lo que debía hacer aquel muchacho para escapar con vida del laberinto. 

Un rato después, protegida aún por la oscuridad de la noche, Ariadna visitó el calabozo donde Teseo estaba encerrado a la espera de que los soldados de Minos lo condujesen hasta el laberinto. Ariadna le entregó a Teseo un carrete de hijo de seda y una espada que tenía la hoja de oro, y le explicó cómo debía usar aquellas dos cosas. Teseo, conmovido, preguntó:


-Decidme, princesa, ¿cómo puedo agradeceros lo que estáis haciendo por mí? 

No hizo falta que Ariadna dijese una sola palabra. Sus mejillas enrojecieron de tal modo que Teseo comprendió al instante que la joven estaba enamorada. Entonces, el príncipe le estrechó las manos y dijo con voz dulce:

-No sufráis, princesa. Saldré con vida del laberinto, y os llevaré conmigo a Atenas. 

Al alba, los soldados de Minos fueron en busca de Teseo y lo condujeron a través de las calles de Cnosos hasta las puertas del laberinto. Teseo parecía contento, y en sus labios asomaba una leve sonrisa, así que muchos lo tomaron por loco.

-¿Cómo puede sonreír si se encamina hacia la muerte? -se preguntaba todo el mundo. 

Una vez en el interior del laberinto, Teseo siguió las instrucciones que le había dado Ariadna. Primero, ató el cabo del hilo de seda a las puertas del laberinto, y luego, mientras avanzaba por el interior del palacio, fue desenrollando el carrete. De ese modo, cuando quisiera volver a la calle, no tendría más que enrollar de nuevo la seda en el carrete, y el hilo le mostraría el camino de la libertad.

Todo salió según lo previsto. Con su ejemplar valentía, Teseo se enfrentó al Minotauro y le dio muerte clavándole en el corazón la espada de oro, que deslumbró al monstruo con su brillo portentoso. 


Al atardecer, cuando Teseo salió del laberinto, Ariadna estaba esperándolo, con la inquietud en el corazón y los ojos llenos de lágrimas. Los dos se besaron por primera vez y, dos horas más tarde, a la luz de la luna, se hicieron a la mar con rumbo a Atenas.

4 comentarios:

  1. Holaa, acabo de descubrir tu blog, y la verdad es que me gusta mucho, ya me he sumado a tus seguidores. Te invito a pasarte por el mio si te apetece, un beso. Nos leemos!

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    1. ¡Hola! Gracias por seguirme y bienvenida ^^ Me pasaré encantada por tu blog.
      Un abrazo, ¡nos leemos!

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  2. Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado.
      Besitos.

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