jueves, 1 de octubre de 2015

El desafío de Aracne

Hace mucho, muchísimo tiempo, existió a orillas del mar Mediterráneo un país llamado Lidia. Aunque sus costas eran muy bellas y sus prados tenían un verde cautivador, lo que hacía de Lidia un país único era la púrpura, un extraño molusco que se criaba en sus playas. Las púrpuras tenían una concha retorcida de color gris y un aspecto muy poco atractivo, pero todo el mundo las buscaba con afán porque guardaban en sus entrañas un auténtico tesoro: un tinte carmesí tan intenso como los destellos de los rubíes.
Los tejidos teñidos con púrpura quedaban tan hermosos que la gente no se cansaba de mirarlos nunca. Reyes y emperadores de todo el mundo pagaban grandes cantidades de oro a cambio de una túnica teñida con púrpura, y princesas de todas las naciones acudían a Lidia para comprar un velo carmesí que realzase su belleza. De modo que los mercados de Lidia estaban siempre muy concurridos, y el dinero corría en abundancia por todo el reino.


En Lidia reinaba un hombre llamado Idmón. Se había enriquecido gracias a su vista aguda, que le permitía distinguir con gran facilidad la valiosa púrpura entre la arena de la playa. Idmón era viudo, pero no estaba solo: tenía una hija llamada Aracne, bella y muy inteligente, que era la mejor tejedora de Lidia. Las telas que urdían las manos de Aracne eran tan perfectas que dejaban boquiabierta a la gente, y parecía que los animales y personas bordados en sus tejidos fuesen a salirse de la tela en cualquier momento. Aracne, consciente de su habilidad, solía proclamar en voz alta que no había en el mundo una tejedora mejor que ella. Es más, en cierta ocasión se atrevió a decir:
 -¡Soy incluso mejor que Atenea!
Atenea, que era la diosa de las hilanderas y las bordadoras, enrojeció de ira al oír aquellas palabras. 
-Pero ¿qué se ha creído esa muchacha? –bramó-. ¿De modo que se cree mejor que yo? Pues ahora mismo la enseñaré a ser más humilde…
Aquel mismo día, Aracne vio entrar a su taller a una anciana de pelo blanco que caminaba ayudándose con un bastón. La mujer se pasó un buen rato examinando los tejidos expuestos en el taller, y en cierto momento le preguntó a Aracne:
-¿Lo has hecho tú?
-Así es –respondió la joven con evidente orgullo-. Soy la mejor tejedora de Lidia.
-Pensaba que sólo las manos de una diosa podían tejer unas telas tan perfectas…
-Yo sé tejer mejor que la mismísima Atenea.
-No digas eso, muchacha, o Atenea te castigará. Los dioses no perdonan a quienes los desprecian…
-Yo no desprecio a nadie –replicó Aracne-: me limito a decir la verdad. Soy mejor tejedora que Atenea, eso es todo.
-Te repito, niña, que si Atenea se ofende…
-¡Que se ofenda si quiere! Si Atenea estuviera aquí delante, la retaría a competir conmigo, y así le demostraría con hechos que soy mejor tejedora que ella.
La anciana se alteró mucho al oír aquellas palabras. Su cuerpo entero se tensó, y pareció cambiar por efecto del enojo. De repente, las arrugas desaparecieron de su rostro, su pelo blanco se volvió oscuro, y sus ojos recobraron el brillo de la juventud.
Costaba creerlo, pero la anciana se había convertido en una joven bellísima, alta y de rasgos delicados. Entonces, Aracne pensó que aquel extraño prodigio sólo podía tener una explicación…
-Eres Atenea, ¿vedad? –dijo.
-Claro que soy Atenea. Supongo que, si me hubiera presentado en tu taller con mi verdadera forma, no habrías tenido el coraje de proclamarte mejor que yo…
-No creas que te tengo miedo –le advirtió Aracne-. Sigo pensando que soy mejor tejedora que tú. Así que, si quieres, podemos competir. Estoy segura de que tejeré una tela mejor que la tuya.
Atenea le lanzó a Aracne una mirada desafiante, pero la joven no se inmutó. 
-Eres orgullosa, Aracne, muy orgullosa –dijo la diosa-. Puesto que así lo quieres, competiremos. Y espero que no te arrepientas de haber ido tan lejos…
Enseguida corrió la voz de que Aracne se iba a enfrentar con Atenea, y decenas de personas de toda la ciudad acudieron al taller de Aracne a presenciar el desafío. Las dos rivales se situaron delante de sus respectivos telares, y entonces Atenea dijo:
-¡Empecemos!
Tanto Aracne como Atenea comenzaron a mover sus manos con una habilidad y una rapidez asombrosas. Atenea tejió un tapiz de seda, fino como el aire, y lo bordó con un dibujo que exaltaba el poder de los dioses. Zeus aparecía en el centro, sentado en la cima del Olimpo, y alrededor se encontraban Apolo y Poseidón, Eros y Afrodita, así como la propia Atenea, que aparecía con un casco en la cabeza y con la lechuza de la sabiduría apoyada en el hombro. El tapiz entero, con sus altas figuras de impresionante aspecto, venía a recordar que los dioses eran todopoderosos: creadores de la tierra, señores del mar, dueños del cielo y reyes eternos de la humanidad.

Aracne, por su parte, tejió un velo de lino, ligero como el agua, y lo bordó hasta la última esquina. Al contrario que Atenea, había representado lo peor de los dioses. Aparecían Zeus convertido en toro para engañar a Europa, Hermes robando las vacas de Apolo, y Crono comiéndose a sus hijos. Aracne quería dar a entender que los dioses no son en absoluto mejores que los seres humanos, pues también ellos son apasionados y mentirosos, injustos e imprudentes, avariciosos y perversos…
Cuando las dos rivales acabaron su trabajo, los curiosos que habían presenciado el duelo se quedaron mudos de asombro. Tanto el tapiz de Atenea como el velo de Aracne eran admirables. Parecía que el tejido de una diosa tenía que ser por fuerza mejor que el de una mujer, pero el velo deslumbrante de Aracne no tenía nada que envidiar al tapiz resplandeciente de Atenea, ni por su color, ni por su forma ni por los brillos que despedía. Era una obra perfecta, y Aracne, llena de orgullo, les preguntó a los presentes:
 -Decidme, ¿quién ha ganado?
Atenea se dio cuenta de que el velo de su rival era impecable, y su corazón ardió de envidia. No podía perdonarle, además, que hubiera utilizado su tejido para insultar a los dioses. Con los ojos enrojecidos por la rabia, Atenea se lanzó sobre el velo de Aracne y exclamó:
-¡Esto es lo que opino de tu tela!
La diosa estaba tan enojada que rasgó en pedazos el velo de Aracne, y golpeó la cabeza de la joven con la lanzadera de su telar. Aracne comprendió entonces el gran error que había cometido al desafiar a una diosa, y se sintió tan avergonzada que deseó morir. De modo que corrió hasta un rincón del taller, donde había una cuerda colgada del techo, y se la pasó alrededor del cuello. Todos los presentes rompieron a gritar al ver que el cuerpo de Aracne se balaceaba a tres pies del suelo, pero no se atrevieron a acercarse a la joven, por miedo a avivar el enfado de Atenea. Al final, la propia diosa se compadeció, así que se acercó a Aracne y la sostuvo con sus brazos para salvarle la vida.
-Tu falta ha sido grave –le dijo-, pero la muerte es un castigo excesivo. Dejaré que vivas, Aracne, pero permanecerás colgada, y lo mismo les pasará a todos tus descendientes.
Atenea roció entonces a Aracne con el juego de una hierba mágica que llevaba siempre consigo, y de ese modo la joven tejedora se transformó en un pequeño insecto de cabeza pequeña y patas muy largas. Al mismo tiempo, la cuerda que antes le rodeaba el cuello se convirtió en un finísimo hijo de seda que le salía del vientre. Atenea miró a Aracne y le dijo:
-Dedica tus días a tejer con ese hilo que sale de tu cuerpo, y así la vida se te hará más llevadera.
Aracne, pues, se pasó el resto de su vida tramando finísimas redes en los rincones y alimentándose de los insectos que quedaban atrapados en ellas. Y así han vivido siempre las arañas, descendientes de aquella orgullosa muchacha de Lidia que cometió el error de creerse mejor que los dioses. 


4 comentarios:

  1. Y bueno, si fue mejor que Atenea, la diferencia es que fue demasiado orgullosa y la diosa pudo castigarla con sus poderes por ser así, en cambio Aracne no.. en fin, hay que saber ser humilde, aunque sepas que tus habilidades son mejores? Cuál es la enseñanza? :)

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    1. Exacto, es así la enseñanza, ¡lo has pillado! ;)
      También, el mito explica, como vemos, el origen de las arañas, que en griego, se designa con la palabra aracne (de ahí el nombre de las arañas).
      Que, por cierto, estoy de acuerdo con Ron Weasley sobre el tema :D
      Gracias por comentar, ¡un abrazo!

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  2. My friend! Conocía el relato... en realidad, es uno de mis cuentos griegos favoritos ^^
    Me ha encantado, ya echaba de menos uno de tus mitos ;)
    Ahora me dan pena las arañas... las mato a todas porque les tengo miedo... LO SIENTO ARACNE, es que corréis por debajo de mi cama como unas condenadas y... Aix, es que da asco :(
    ¿Cual será el siguiente relato? *-*
    Un abrazo, sister ^^

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    1. ¿de veras? no sabía que te gustase este mito *-* Me alegro mucho de que sea así ;)
      ¡Muchas gracias, ahijada! me hace mucha ilusión que os gusten los mitos que publico.
      No te angusties, creo que a todos nos pasa igual con el tema de las arañas.. (yo parezco Ron Weasley cuando las veo) jaja ^^
      ¿próximo relato..? ¿una pista..? Se titula como el cuento que me preguntaste hace tiempo sobre un rey rico... ¿sabes a cual me refiero? :D
      Un abrazo, sister <3

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