sábado, 21 de febrero de 2015

Páginas interesantes

Hola visitante…

Si te invito a pasarte por una página determinada, ¿te pasarás? Te animo a que lo hagas.

“Tormenta nocturna”  es una página dedicada a publicar sus escritos, frases o incluso relatos, basados en los sentimientos experimentados de una chica, (que destaco) le encanta leer.

Les dejo una muestra de lo que escribe esta chica:

Día a día se recuerdan. Ella toma café por las mañanas mientras lee un libro con la camisa de el puesta. Dice que aún conserva su aroma aunque hace 3 años que Pablo se fue. Comienza su día como todos los días, dolorida, angustiada por la falta de Pablo en su vida. Se viste en el baño mientras habla con el espejo y se pregunta por qué tanta felicidad pudo haber hecho que el se fuera. Aun no lo comprende.
Pablo en su oficina garabatea sobre algunos… (Sigue leyendo)


martes, 10 de febrero de 2015

Mito de: Apolo y Dafne

Apolo y Dafne

A los dioses les pasa lo mismo que a los hombres: jamás olvidan su primer amor. Así que no importaba cuántos años pasasen: el dios Apolo nunca podría borrar de su memoria a la bellísima Dafne, la ninfa que lo había enamorado en su juventud.

Apolo era el dios de la poesía y la música. Cuando conoció a Dafne, acababa de matar a la serpiente Pitón, un monstruo descomunal que tenía su guarida en una oscura cueva de la región griega de Tesalia. Pitón era una bestia sanguinaria que andaba en busca de carne a todas horas.  Mataba a las ovejas de los rebajos, a las vacas que pastaban en los valles, a los pastores que echaban la siesta a la sombra de los árboles y a las niñas que se bañaban en los arroyos. Desesperados, los hombres suplicaron a los dioses que los librasen de aquella pesadilla, y entonces Apolo viajó hasta Tesalia, se situó ante la cueva de Pitón y acribilló a la bestia con una lluvia de flechas. Pitón intentó defenderse, pero fue en vano, y perdió la vida sobre un charco de sangre.

Tras aquella hazaña, Apolo se volvió terriblemente orgulloso: se pasaba la vida hablando bien de sí mismo y presumiendo de la valentía que había demostrado al enfrentarse a Pitón.

-Soy el mejor arquero del mundo –repetía a todas horas.

Lo peor fue que Apolo, a fuerza de quererse tanto a sí mismo, empezó a despreciar a los demás. Un día, se cruzó en uno de los bosques de Tesalia con el pequeño Eros, el dios del amor, y acabó discutiendo con él. Eros tenía la apariencia de un chiquillo inocente, que volaba de aquí para allá con sus pequeñas alas. Encargado de propagar el amor por el mundo, se dedicaba a lanzar flechas al corazón de la gente, con las que despertaba grandes pasiones. Las disparaba con un arco diminuto, porque, como Eros era un niño, no tenía fuerzas para levantar un arco de tamaño normal.

El caso es que el día en que se cruzó con Eros, Apolo miró aquel arco que parecía de juguete y dijo entre risas:

 
-¡Es el arma más tonta que he visto en mi vida! ¿Para qué la usas, para matar mariposas?

-¿Mariposas? –replicó Eros, indignado-. ¡Eres muy gracioso, Apolo, pero ándate con ojo, no sea que algún día tengas que pagar por tus burlas! Tal vez no he matado a ninguna serpiente con mi arco, pero deberías saber que mis flechas han enloquecido de amor a hombres y dioses.

-¡Menuda hazaña! -se carcajeó Apolo-. Si dependiera de tus flechas, Pitón aún andaría por aquí matando rebaños…

-Yo en tu lugar no despreciaría el poder de mi arco, Apolo. ¿O es que no sabes que el amor ha movido a los reyes a librar guerras sanguinarias? ¿Es que no te han dicho que, por amor, los poetas han escrito sus mejores versos y algunas mujeres han llorado de pena hasta desgarrarse el corazón? Dime, Apolo, ¿podrías enloquecer tú a alguien con tus flechas? ¿O lograr que un hombre saltara de alegría? ¿O que se arrojara al mar por pura desesperación?

Apolo respondió con una mueca de desprecio.
-Déjate de palabrería, muchacho –dijo-, y apártate de mi camino, que tengo prisa.

El pequeño Eros enrojeció de rabia. Echó a volar para quitarse de en medio, pero, desde el cielo, le lanzó a Apolo una severa advertencia.

-¡Recordarás toda tu vida este momento! –le dijo-. ¡Juro por el padre Zeus que tendrás tu merecido!

Eros cumplió su amenaza. Para vengarse de Apolo, se valió del arma que mejor conocía: el amor. Aquel mismo día, lanzó dos flechas desde el aire: una de oro y otra de hierro. La de oro tenía la punta de diamante y servía para enamorar a la gente, mientras que la de hierro estaba rematada con una punta de plomo y provocaba un rechazo absoluto del amor. Eros lanzó la flecha de oro contra el corazón de Apolo, y disparó la de hierro contra el pecho de Dafne, una de las ninfas más hermosas de Tesalia. Como los dos flechazos fueron indoloros, ni Apolo ni Dafne se dieron cuenta de que sus vidas estaban a punto de cambiar para siempre.

Hasta aquel día, Apolo ni siquiera se había fijado en Dafne. Para él, era una ninfa más, a la que a veces veía cazando por el monte o bañándose en el río. En cambio, desde que recibió el flechazo de Eros, no pudo quitársela de la cabeza. Se pasaba todo el día pensando en ella, y abandonó la caza y el canto, a los que solía dedicar la mayor parte de su tiempo. Lo único que le apetecía era contemplar a Dafne, pues su corazón ardía de amor igual que la paja arde en el fuego. Dafne, en cambio, no quería saber nada de Apolo, y cada vez que lo veía, echaba a correr o se escondía entre los árboles, porque su misma presencia le hacía sentir incómoda. Llegó un día, sin embargo, en que no pudo esquivar a Apolo, y el dios aprovechó la ocasión para pedirle que se casara con él.

-Jamás me casaré –dijo Dafne-: el amor no me interesa.

-¿Es que un dios como yo te parece poca cosa?

-No es que desprecie tu amor, Apolo: es que no quiero el amor de nadie. Nací libre, y me he propuesto permanecer libre hasta el fin de mis días.

A pesar de aquella negativa, Apolo no perdió la esperanza. Ni siquiera pareció disgustado, pues ¿cómo iba a molestarse con una muchacha a la que amaba con locura? Miraba los ojos de Dafne, y no podía creerse que fuesen tan bellos; se fijaba en sus manos, y le parecía imposible concebir otras más delicadas. Todo en Dafne le gustaba: su largo cabello y su espesa melena, sus dientes blancos y sus labios de un rojo encendido, sus ojos oscuros y su piel del color de la nieve. Se moría por abrazarla, por acariciar sus mejillas, por cubrirla de besos… Dafne reparó en los ojos de Apolo y, de repente, tuvo miedo, porque descubrió en ellos la mirada de un ser obsesionado con una sola idea. Pensó que Apolo sería capaz de cualquier cosa con tal de abrazarla, y se asustó tanto que echó a correr por el bosque.

-¡No te vayas, Dafne –gritó Apolo-, no quiero hacerte daño!

Pero Dafne se perdió de vista enseguida. Apolo echó entonces a correr tras la ninfa igual que el lobo tras el cordero. Durante la carrera, Dafne le pareció más hermosa que nunca, pues el viento desnudaba sus hombres, agitaba su túnica y formaba graciosas ondas en su larga melena. Dafne corría tan aprisa que, en cierto instante, se creyó a punto de perder el aliento. Las zarzas del bosque le arañaban los tobillos, y los guijarros del suelo se le clavaban en los pies, pero no notaba el dolor, porque lo único que sentía era un miedo terrible. Tenía que correr, huir, ponerse a salvo, pues estaba segura de que, si se detenía, Apolo se lanzaría sobre ella, loco de amor.

-¡Dafne! –oyó decir.

La voz sonó en aquel momento más próxima que nunca.
Dafne volvió la cabeza, y entonces vio que Apolo estaba a punto de rozarle el hombro. La ninfa palideció: prefería morir antes que soportar las caricias de Apolo, el calor de su aliento, la locura de sus ojos… Entonces Dafne vio que se acercaba a las orillas del río Peneo y pensó que allí se encontraba la única salvación posible.

-¡Padre, ayúdame! –gritó con todas sus fuerzas.

Dafne era hija de Peneo, quien, como todos los ríos, tenía poderes divinos. Podía, entre otras cosas, prever el futuro y transformar a las personas en bestias.

-¡Ayúdame, padre, por piedad! –repitió Dafne.

Peneo arremolinó sus aguas, alarmado. Llevaba algún tiempo disgustado con su hija, porque ella se negaba a casarse y a darle nietos, pero no dudó en prestarle su ayuda, pues la quería con toda su alma. De repente, Dafne dejó de correr, y su cuerpo se volvió rígido como una piedra. Una fina costra cubrió su pecho y endureció su vientre, sus blancos brazos se convirtieron en ramas, y su larga cabellera se transformó en una copa de espesas hojas. De sus pies nacieron raíces que se hundieron en la tierra, y su rostro, su bello rostro de rosadas mejillas, se transformó en una dura corteza. Peneo había pensado que la mejor manera de salvar a su hija era despojarla de su forma humana, así que había convertido a Dafne en un laurel, en el primer laurel que existió en el mundo.

Cuando Apolo vio lo que había pasado, rompió a llorar como un niño. Ya no importaba cuánto amor le ofreciese a Dafne: ella nunca podría corresponderle. Roto de dolor, Apolo acarició las hojas del laurel, besó sus ramas y abrazó su recio tronco, y entonces le pareció que el árbol temblaba entre sus manos.

-Nunca te olvidaré, Dafne –dijo con voz tristísima-. Ya no podrás ser mi esposa, pero en adelante serás mi árbol.




Y así fue. Desde aquel día, la cítara y la aljaba de Apolo permanecieron colgadas de las ramas del laurel, y el dios decidió convertir aquel árbol en un símbolo de gloria, así que dispuso que las hojas del laurel sirvieran para coronar a los generales victoriosos y para honrar a los grandes poetas.










martes, 3 de febrero de 2015

Autores: JANE AUSTEN



JANE AUSTEN (1775-1817) nacida en Steventon, Inglaterra, ocupa un destacado lugar en la historia de la literatura inglesa. Interesada especialmente en la psicología de los personajes y en las relaciones humanas, cultivó el gusto por el retrato íntimo y el estudio de la vida doméstica, apoyándose en un depurado estilo y en una indudable perfección técnica. 

Fue siempre muy modesta sobre su genio artístico, pero se ha convertido en una de las figuras más famosas, respetadas y queridas de la literatura inglesa. Es la autora de seis novelas: Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813), Mansfield Park (1814), Emma (1815), La abadía de Northanger (1817) y Persuasión (1817). 




Estas son las novelas que he leído y reseñado de ella:









Reseña: Orgullo y Prejuicio








Autores:   Jane Austen
Título original: Pride and Prejudice
Editorial: Debolsillo
Páginas: 439






Sinopsis
A  lo largo de una trama que discurre con la precisión de un mecanismo de relojería, Jane Austen perfila una galería de personajes que conforman un perfecto y sutil retrato de época: las peripecias de una dama empeñada en casar a sus hijas con el mejor partido de la región, los vaivenes sentimentales de las hermanas, el oportunismo de un clérigo adulador… El trazado de los caracteres y el análisis de las relaciones humanas sometidas a un rígido código de costumbres, elementos esenciales en la narrativa de la autora, alcanzan en Orgullo y prejuicio cotas de maestría insuperable.


Opinión personal   

Orgullo y prejuicio de Jane Austen es una novela clásica romántica. Fue la segunda novela publicada de esta autora.
Este libro me lo recomendó una amiga,  y en cuanto tuve la oportunidad de encontrarlo en la feria del libro, lo compré sin dudarlo.
Pues bien, siendo un libro tan aprobado y querido por todos los que lo han leído, con entusiasmo me sumergí en su lectura.   
En primer lugar, tengo que destacar me encanta lo clásico, así que de cualquier novela así, no me despegaría.  A pesar de ello, no estoy acostumbrada a leer libros así, por tanto, me costó un poco adaptarme para entender la lectura. En algunos momentos me sentía perdida, o me parecía que pasaban las cosas rápido y sin que la autora lo contara, pero me di cuenta de que es así como lo redactaba Austen.
Elizabeth Bennet (Lizzy), la protagonista de esta novela, es hija de los Bennet junto con sus cuatro hermanas. Tratadas como Miss Bennet. (Me encanta esta forma de dirigirse a la gente, en esta época).  Lizzy es la segunda mayor de las hijas Bennet; la madre tiene por afición intentar casar a sus hijas cada vez que ve la oportunidad. Se pone como loca, en cuanto llega a Merynton; como cuando llegó a la ciudad un joven llamado Sr. Bingley, famoso por tener una buena fortuna a su favor, acompañado por su mejor amigo, el Sr. Darcy, quien era mucho más rico que el primero, pero no esperan que, Mr. Darcy, fuera tan orgulloso y antisocial. Al contrario que su mejor amigo (Sr. Bingley) Darcy, estaba completamente negado a admirar a las chicas más preciadas del lugar, incluyendo a las señoritas Bennett, menospreciando incluso a alguna de ellas por su poca belleza o escasa inteligencia.


Aunque Mr. Darcy, fuera uno de los más distinguidos caballeros del lugar; su orgullo y su arrogancia, espantaba a cualquiera, incluyendo a nuestra protagonista, Elizabeth, quien no duda en responderle con total suspicacia. 

 “(…) comenzó a tenerla por inteligencia como pocas, lo cual se manifestaba en la expresión de sus ojos negros. (…) Por más que con ojos de crítico percibía más de un defecto de simetría en su figura, se vio obligado a reconocer que era esbelta y proporcionada, y aún cuando aseguraba que sus modales no eran particularmente refinados, quedó prendado de su gracia y su desenvoltura. Ella ignoraba todo esto.”

Quizás sea por mi falta de costumbre de leer este tipo de género literario, pero no me parecía muy justo la manera en que la trataba Darcy desde el principio, mientras que en pleno silencio, empezaba a sentir algo profundo por Lizzy. Pero el carácter de ella, me pareció ideal para enfrentarse a la arrogancia de Mr. Darcy. Sobre todo su fácil manera de desarmar al otro con su inteligencia.

“-En mi opinión, la poesía ha sido siempre el alimento del amor- dijo Darcy.”

Sin embargo, Darcy no se queda atrás, es un caballero respetuoso y me atrevo a decir, bastante tímido, de ahí la arrogancia e irritación que muestra hacia los demás, especialmente a la sociedad inferior a él. Costándole mucho entablar conversación con personas a las que acaba de conocer.
No os digo más, como yo, tenéis que descubrirlo leyendo. Yo tuve mayor interés hacia él, por saber cómo era realmente y porqué lo adoraba todo el que ha leído este libro.  También lo considero un hombre muy inteligente, difícil de engañar o persuadir.

“(…) Tú tienes por respetable y a todo el mundo y te ofendes si hablo mal de alguien. Yo te tengo por perfecta sólo a ti, y te opones a ello. No temas que exagere al elogiar tu buena predisposición hacia todos. (…) Cuanto más conozco el mundo, más me irrita, y todos los días confirmo mi creencia en la inconstancia del carácter humano y en la poca que me inspiran las apariencias del mérito o talento.”

Habrá diversos personajes que irán apareciendo según avance la historia.

“-¿Cree usted que me asusta, Mr. Darcy, al venir de esa manera a escucharme? Pues yo no me acobardo, aunque su hermana toque tan bien. No me dejo asustar por nadie, sépalo. Cualquier intento de intimidarme no hace más que estimular mi valor.
-No le diré que está equivocada –replicó él-, aunque bien sabe que no es mi intención intimidarla. (…) le gusta expresar opiniones que en realidad no son las suyas.

Mi escena favorita es el momento en que Darcy da el paso de declarar sus sentimientos hacia Lizzy. Creo que me quedé tan impresionada como la protagonista, pero en el fondo fue muy bonito. Darcy no causa buena impresión al lector, ya que miramos la historia desde el punto de vista de Elisabeth, a quien le cuesta entender y admirar el carácter de este, poniéndole incluso de insoportable.

“Tras un silencio de varios minutos, se acercó a ella y, con visible agitación, dijo:
-He luchado en vano. Ya no quiero hacerlo. Me resulta imposible contener mis sentimientos. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo.”

“(…) Los ojos de Lizzy y Darcy se encontraron al instante, y los rostros de ambos se ruborizaron. Él se paró en seco, permaneció por un instante inmóvil a causa de la sorpresa, (…).”

Otro punto que destacaría, de los personajes es que son muy directos a la hora de decirse mutuamente sus sentimientos, no se andan con rodeos; pero siempre manteniendo el respeto hacia el otro. Es algo que en la sociedad actual, está bastante escaso.

“-Sí –replicó Darcy, que no pudo contenerse más-; eso fue sólo al principio de conocerla, porque hace muchos meses ya que la considero como una de las más bellas mujeres que conozco.”

Después de conocer bien a Mr. Darcy, confieso que me enamorado de este hombre. Solo el que haya leído ORGULLO Y PREJUICIO, sabrá por qué finalmente consigue enamorarnos a todas.

“(…) Así fue desde los ocho a los veintiocho años, y aún lo sería si no fuese por usted, queridísima, amadísima Lizzy. ¿Qué no he de deberle? Me ha dado una lección, ciertamente dura al principio, pero muy provechosa; por usted quedé humillado como convenía, usted me mostró cuán insuficientes eran mis pretensiones para complacer a una mujer merecedora de ser complacida.”

Sin más, tengo que deciros que recomiendo esta novela a todo aquel que no lo haya hecho, es un clásico que no se debe desperdiciar. Un relato romántico, al estilo Jane Austen.

Ha sido una lectura ligera, aunque su forma de escribir no sea del que estamos acostumbrados actualmente, supongo, pero me pareció fácil de avanzar, sin pararse en descripciones demasiado extensas. 



5/5
Me encantó
 [Imprescindible]
Fátima

domingo, 1 de febrero de 2015

Todo está en juego


Sinopsis


UN DUQUE DECIDIDO A CASARSE Y UNA JOVEN DE ESPÍRITU INDEPENDIENTE VIVEN UNA GRAN AVENTURA A TRAVÉS DE EUROPA...

Jason Cummings, duque de Rayne, es uno de los solteros más codiciados de Londres. Cómo culparlo, entonces, si busca refugio de las hordas jóvenes debutantes en la Sociedad Histórica, una institución exclusivamente masculina... hasta que Winnifred Crane cruza su umbral y solicita que la admitan como miembro. 
A pesar de su valía como historiadora, es rechazada, así que Winn propone una apuesta insólita: si consigue probar la autenticidad de cierto cuadro, recibirá el reconocimiento, la fama y el respeto que merece. Para conseguirlo, sin embargo, tiene que viajar al extranjero. Pero para ello es necesario que la acompañe alguien..., aunque ese alguien esté muy poco dispuesto a hacerlo. 
Jason no desea seguir a Winn en su aventura por Europa, si bien admira la pasión que siente la joven por su profesión. El viaje que emprenderán juntos les reserva preligros inesperados...

«Si Jane Austen aún viviera y escribiese novelas, serían parecidas a ésta.» Chicago Tribune 


Elegida. La Casa de la Noche #3

Sinopsis


Aquellos que parecían ser amigos de la vampira iniciada Zoey Redbird resultan ser enemigos. Y, por extraño que parezca, los enemigos acérrimos se transforman en inesperados aliados. Su mejor amiga, Stevie Rae, es una no muerta que lucha por aferrarse a su humanidad. Zoey no tiene ni idea de cómo ayudarla, pero sí sabe que todo lo que descubran juntas debe permanecer en secreto, porque las paredes de la escuela parecen tener oídos. Además, Zoey tiene que aclarar sus sentimientos, porque casi sin darse cuenta ya tiene tres novios… Pero entonces comienzan a aparecer vampiros muertos. Verdaderamente muertos. Y mientras ella y sus amigos desvelan el misterio, las cosas en la Casa de la Noche se ponen realmente feas…