domingo, 14 de agosto de 2016

Perseo y la cabeza de Medusa

PERSEO Y LA CABEZA DE MEDUSA

Cuando Zeus se encaprichaba de una doncella, nadie podía evitar que la conquistase. En cierta ocasión, quedó prendido de una hermosa muchacha llamada Dánae, y no dudó en llevar a cabo un extraño prodigio para gozar de su amor. Dánae era la hija del rey Acrisio de Argos, y vivía aislada del mundo, encerrada en la torre de un palacio. Sucedía que a Acrisio le habían profetizado que su destino era morir a manos de un nieto suyo, así que, en cuanto Dánae llegó a la adolescencia, decidió encarcelarla para que no pudiera casarse ni engendrar hijos. <<Si no tengo nietos>>, pensaba el rey, <<me salvaré de la muerte>>.

Zeus, sin embargo, logró entrar en la celda de Dánae sin que nadie se diese cuenta. Un día, la joven notó que por el techo de la torre se filtraba una extraña lluvia de oro. Dánae estaba tumbada en la cama, y las gotas fueron cayendo sobre su pecho y su vientre. 
Ni siquiera se molestó en retirarse, pues era agradable sentir el roce fresco de la lluvia sobre el cuerpo. No podía saber que Zeus se había transformado en lluvia de oro para poder abrazarla.

Nueve meses después, Dánae dio a luz a un hijo. Acrisio no logró explicárselo, pues estaba seguro de que ningún hombre había entrado en la celda de su hija. Sólo cuando el pequeño Perseo llegó al mundo, empezó a intuir lo que había ocurrido. 

Aquel niño estaba rodeado por una especie de resplandor, más propio de un dios que de un ser humano, así que Acrisio comprendió que su nacimiento tenía que ver con algún prodigioso sobrenatural. <<Éste es el nieto que ha de acabar conmigo>>, pensó con inquietud, y entonces decidió matar al pequeño Perseo para salvar su propia vida. Pero como no se atrevía a darle muerte por sí mismo, decidió embarcar al niño y a su madre en un cajón de madera que luego arrojó al mar. <<Que los dioses decidan si deben sobrevivir o perecer>>, pensó Acrisio.


Para Dánae y Perseo, la primera noche en el mar fue terrorífica. Las olas eran tan fuertes que el cajón parecía a punto de naufragar, y el pequeño Perseo lloraba sin descanso, pues pensaba que el mar estaba lleno de monstruos sanguinarios que querían devorarlo. Lo único que lo aliviaba de su terror era un anillo de diamantes que Dánae llevaba puesto en un dedo, y que resplandecía en la oscuridad. Perseo creía que los diamantes era como diminutos espejos que ahuyentaban a los monstruos. Fue la primera vez que los espejos le ayudaron a sobrevivir. 

Durante cuarenta días y cuarenta noches, Perseo y su madre vagaron sobre el mar a merced de las olas. Por fín, una mañana, las corrientes acercaron el cajón hasta la isla de Sérifos, donde lo encontraron unos pescadores.

-¡Mirad! -exclamaron, muy asombrados-. ¡Hay una mujer y un niño en el cajón! ¡Llevémoslos ahora mismo ante el rey!

En Sérifos mandaba el rey Polidectes, que acogió a los recién llegados en su propio palacio. Allí, Perseo crecío hasta convertirse en un joven alto, apuesto y con fama de valiente que manejaba la espada a la perfección. Todo fue bien hasta que Polidectes, casi sin darse cuenta, comenzó a desconfiar de Perseo. Un día, mientras lo veía ejercitarse con la espada, empezó a decirse: <<Este muchacho se ha ganado el aprecio de todo el mundo en Sérife, y llegará muy lejos en la vida. ¿Quién sabe si algún día se propondrá arrebatarme el trono? Es verdad que no me ha dado ninguna muestra de enemistad, pero los peores enemigos son los que actúan con disimulo, los que no nos hacen sospechar de su maldad hasta el momento decisivo...>>

Polidectes se asustó tanto que decidió deshacerse de Perseo. No se atrevió a matarlo con sus propias manos, ni a pedirles a sus soldados que lo hicieran por él, sino que buscó una manera más discreta y maliciosa de enviarle a la muerte. Un día, llamó a Perseo y le dijo:

-Un joven como tú, de sangre real, debe demostrar su valor con una gran hazaña.

-Haré lo que me pidáis -dijo Perseo, orgulloso.

Polidectes guardó silencio durante unos instantes, y luego dijo con un tono sereno que intentaba disimular su maldad:

-Quiero que me traigas la cabeza de Medusa...

Se trataba de una misión peligrosísima. Medusa vivía en una cueva situada en el límite occidental del mundo, cerca del país de los muertos, y pasaba por ser uno de los monstruos más despiadados de la Tierra. En su juventud, Medusa había sido una mujer muy hermosa, pero los dioses la habían castigado arreba
tándole su belleza.

Los sedosos cabellos de Medusa se convirtieron entonces en fieras serpientes, sus ojos se transformaron en negros abismos y  sus dientes se volvieron tan grandes y afilados que le desgarraban los labios y las mejillas. Incluso su larga lengua era terrorífica, pues testaba hinchada y rígida como un cadáver. Pero lo pero de todo era que, por culpa de un maléfico hechizo, Medusa convertía en piedra todo lo que miraba.

Perseo, sin embargo, no dudó en aceptar la misión. Por suerte, contó con la ayuda de los dioses para llevarla a cabo. Hermes le proporcionó unas sandalias aladas con las que pudo volar rápidamente hasta el lejano país de Medusa. Una vez allí, se coló en la guarida del monstruo, mientras se repetía sin descanso unas palabras que le había dicho la diosa Atenea: <<Nunca, pase lo que pase, mires a Medusa a la cara, porque, si lo hicieras, te convertirías al instante en piedra>>.

De modo que Perseo se acercó a Medusa sin mirarla directamente. Para verla, se valió de un escudo de bronce que le había proporcionado Atenea, y cuya superficie brillaba como un espejo. Medusa rugió al ver a Perseo, pero el muchacho se mantuvo firme. Alzó el escudo, buscó en él el reflejo de Medusa y luego agarró con fuerza la única arma que llevaba consigo: una hoz con hoja de diamante que le había facilitado Hermes. Perseo descargó un golpe brutal sobre el cuello de Medusa, y entonces la cabeza del monstruo, con sus miles de serpientes de larga lengua, rodó por el suelo hasta el fondo de la cueva. Luego, Perseo la recogió con mucho cuidado, sin mirarla, y la guardó en un zurrón que le había regalado Hermes para que pudiera llevar la cabeza sin pelibro hasta Sérifos.

El viaje de vuelta fue durísimo. La cabeza de Medusa pesaba mucho, y los vientos llevaban a Perseo de un lado a otro. Una tarde, el joven decidió detenerse a descansar en una costa rocosa que distinguió en el horizonte. Al acercarse, vio que algo se movía en un acantilado, y enseguida de dio cuenta de que era una muchacha. Estaba casi a ras de agua, y las olas le lamían los pies.
¿Qué estaría haciendo allí? Perseo se acercó un poco más, y entonces percibió que la joven estaba encadenada a la pared del acantilado. Nada más verla, sintió en el corazón el fuego del amor, pues aquella muchacha tenía un rostro precioso, una piel blanca como la espuma y un cabello dorado como el sol. Perseo voló hasta ella y le preguntó por qué estaba encadenada. Andrómeda, que así se llamaba la joven, le contestó que era la hija del rey de aquellas tierras, y explicó su desgracia entre sollozos.


-Poseidón, el dios del mar -dijo-, se enfadó mucho con mi madre hace algún tiempo y, en castigo, envió un monstruo marino contra nuestro reino, que ha matado a cientos de personas y animales en los últimos meses. Poseidón dijo que nuestro reino volvería a vivir en paz si mi padre me entregaba al monstruo, de modo que aquí estoy, esperando la muerte...

-¡Pero eso es una crueldad! -exclamó Perseo-. ¡Voy a matar a ese monstruo en cuanto aparezca!

-¡Ni lo intentes! -advirtió Andrómeda-. ¡Esa fiera tiene la fuerza y el tamaño de un dragón...!

-¿Y qué importa? No tengo ningún miedo. Tal vez no sea el hombre más fuerte del mundo, pero adonde no llegue mi fuerza, llegará mi astucia.

Perseo, pues, se quedó junto a Andrómeda, y cuando el monstruo llegó, se dispuso a hacerle frente. Era una bestia descomunal, que nadaba muy deprisa gracias a los poderosos músculos de sus aletas. Hambrienta de carne, emergió entre las espumosas olas con la boca abierta de par en par, decidida a destrozar con una dentellada el frágil cuerpo de Andrómeda. La muchacha se asustó tanto que soltó un grito estremecedor. Perseo, en cambio, se abalanzó sobre el monstruo desde el aire, con la hoz en la mano, y trató de herirlo de muerte. Desde aquel instante, el hombre y la bestia libraron una batalla encarnizada. En cierto momento, Perseo llegó a clavarle al monstruo la hoz en la garganta, pero las escamas del animal eran tan duras que no logró penetrar la carne. La lucha le exigía tal esfuerzo que, al final, Perseo notó que comenzaban a fallarle las fuerzas. Mantenerse en el aire y batallar al mismo tiempo no era cosa fácil, y la posibilidad de vencer a la fiera parecía cada vez más remota... Perseo estaba a punto de abandonar la lucha cuando, en el último instante, una idea luminosa brotó en su mente. Él mismo se lo había dicho a Andrómeda: la astucia podía ser mucho más valiosa que la fuerza. Acabar con la bestia era, en realidad, la cosa más sencilla del mundo.

Entusiasmado con su idea, Perseo volvió por un momento al acantilado y recogió el zurrón que había dejado junto a Andrómeda. Lo abrió con los ojos cerrados, y luego echó a volar de nuevo hacia el monstruo con la cabeza de Medusa en la mano.
Bastó con que la bestia la viera para que se convirtiera al instante en una enorme montaña de coral.

Luego, Perseo volvió junto a Andrómeda y le dijo:

-Eres libre, muchacha.

Perseo obtuvo la mejor recompensa a la que podía aspirar: se casó con Andrómeda, con quien habría de tener seis hijos. Por supuesto, volvió a Sérifos para entregarle a Polidectes la cabeza de Medusa. Se la ofreció encerrada en el zurrón, pero el rey no pudo resistir la tentación de mirarla, así que acabó convertido en piedra. En cuanto al escudo con el que había vencido a Medusa, Perseo lo conservó hasta la vejez, y a veces le sacaba brillo durante horas. Algunos días, cuando Andrómeda estaba tan hermosa que casi daba miedo mirarla, Perseo apartaba la vista y contemplaba el reflejo de su esposa en la superficio del escudo.
<<Quién sabe>>, se decía, <<a lo mejor también la belleza puede convertir a los hombres en piedras>>.




¿QUÉ TE HA PARECIDO? ¿CONOCÍAS LA HISTORIA?
Me encantaría saber vuestra opinión.





10 comentarios:

  1. Me encanta la mitología así que me ha gustado la entrada :P

    Besos =)

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado ^^
      ¡Besitos!

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  2. ¡Hola!
    ME HA ENCANTADO <3, me gusta mucho la mitología y esta historia concretamente no la conocía, así que me ha encantado ^^
    ¡¡UN beso, nos leemos!
    Cristina

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado tanto, Cristina ^^
      Hay otras historias más, que son muy bonitas y las recomiendo.
      Un beso, ¡nos leemos! :)

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  3. ¡Hola, Fatima!
    La historia de Perseo es de mis favoritas, aunque llevaba muchos meses sin acordarme de él. Leer tu entrada fue como una forma de refrescarme la memoria.
    Andrómeda es de mis personas favoritas en la mitología, debiéndose todo a Saint Seiya.
    Me encanta de Perseo que sea de los pocos semidioses que tuvieron un final básicamente feliz. Pues es algo que muy pocas veces se ve con estos pobres niños. Pero si hay algo que me molesta (aunque lo entiendo perfectamente) es esa actitud de héroe; de hecho, no me gusta de parte de nadie; pero que parezca que no le tiene miedo a nada y que lo quiera enfrentar todo... My gosh.
    Uff, bueno; ¡que es un semidios! y la época daba para todo esto.
    Como siempre, una entrada muy interesante.
    Nos estamos leyendo,
    ¡Besos!

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    1. Que bueno, Ale ^^ Me alegra mucho saber que te ha gustado volver a leer esta historia. Uff, estoy totalmente de acuerdo.. es uno de los pocos semidioses que terminan con un final feliz, es una pena que casi todos terminen en tragedia o tristeza.
      jaja es el afán de ser héroe supongo xD no pueden evitar querer enfrentarse a todo.
      Nos estamos leyendo ^^
      ¡Besos!

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  4. Hola Fátima!
    A mí me encanta la mitología y todo ese rollo de los dioses :D
    Tengo un libro en mi casa de este tema y la verdad es que me gusta mucho ^^
    Me ha encantado esta historia!
    Un beso!

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    1. Genial, siempre es bueno conservar estos libros, son una lectura muy entretenida ^^ Me alegro mucho de que te haya gustado la historia.
      Un beso :)

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  5. Hola.
    Me encanta la mitología, así que imagina si me ha gustado la entrada. Conocía esta historia de haber leído muchos libros de mitología, pero así narrada me encanta porque es mucho más sencilla y se entiende mejor.
    Muchos besos!

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    1. Me alegra muchísimo saber que te ha gustado la entrada ^^ Sin duda, narrada de esta forma se conocen más detalles que luego se enlazan a otros mitos.
      ¡Muchos besos! ^^

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